Desayunamos Iñaki y yo en el bar de al lado de su edificio como a las 12 después de terminar otra vez a las 4am. Le dije que qué bien se la pasaban los fines de semana, pero contestó que la salida de bar en bar la primer noche fue para darme la bienvenida y la comida del sábado que empezó antes de las 3pm y terminó después de las 3am fue para darme la despedida. Todo esto con un tono de ‘qué bueno fue verte pero nos alegra que te vayas para seguir nuestra vida normal’.

Por fin empezamos a abrir las cajas donde la pobre salsa ha estado abandonada. El empaque lo hicieron en la tienda perfectamente bien. La caja grande tenía la bici menos: asiento, rack delantero y cubre llanta, y la otra, lo que no iba en la primera más mis panniers. Que ya a prendí que panniers en ‘castellano’ se dice ‘alforjas’. -Como con muchas otras palabras y expresiones, cada vez que dicen ‘¿cuantas alforjas traes? me siento en historia de Don Quijote.- Empezamos con el rack delantero y cubre llanta. Eso fue relativamente bien pero nos tuvimos que ayudar de las fotos que tomé antes de desarmarla. Tratamos de meter la llanta como por 1 hora pero no entraba porque el espacio entre los frenos de disco (zapatas) era muy chico y el disco no entraba. Después de una hora nos dimos cuenta de que el rack estaba haciendo fuerza con el tambor y accionaba las zapatas. La bicicleta en si esta armada teniendo en consideración cada milímetro y no da mucho espacio para equivocarse. Corregimos y la llanta entró perfectamente y el tambor del freno actuaba libremente.

Salimos a comer a un bar boquerones en vinagre, aceite de oliva, ajo y hierbas, junto con unos mejillones al tigre (salsa de jitomate y Chile) y un sándwich de omelet. La comida estuvo buena y rápida. Regresamos a empacar todo, recogí lo que había lavado y puesto en los calentadores de todo el departamento para secar, bajé mi bici por las escaleras -cuando casi llego al último piso sentí que me hablaba la virgen, pero llegué y salimos a la calle para ir a la estación de autobús.

Idealmente hubiera probado la bici con calma y sin peso. Saliendo del edificio había una bajada bastante empinada y yo seguí a Iñaki por donde iba. Como bien dice él, ‘de los buenos comienzos que Dios me libre’. Después de bajar con buena velocidad y ya frenando en el semáforo me doy cuenta que los frenos de adelante no funcionan. A diferencia de mi bici de ruta, que es de carbono y se frena en seco en segundos, ésta es muy pesada más y aparte tiene 17kg (5+5+3.5+3.5) de equipaje. Frenar sólo con la llanta de atrás fue toda una odisea, pero lo mejor fue cuando ya estaba parado. Mi tenis izquierdo tenía el clip muy flojo y no me pude sacar del pedal ya que el clip giraba con el zapato. Normalmente me hubiera sostenido con la mano derecha del coche estacionado pero como era de bajada y el freno izquierdo no servía, no podía soltar la mano derecha. Me sostuve con la izquierda, mi única opción, de un coche que estaba casi frenado completamente pero que iba a avanzar pronto. Antes de que avanzara el coche saque el pie del zapato con la ayuda de Iñaki, lo desenganché del clip y usé nada más el lado plano del pedal. Dentro de todo, evité una catástrofe horrible.

Llegamos a la estación y no alcancé a tomar el autobús de las 5:30. Compré el de las 8 y fuimos a que me despidiera de Olga, Pipe, y Amaia. Ajusté frenos, zapato, y luz trasera. Le llamé a Ana, quien me recibiría en Pamplona para avisarle del retraso y ahora si llegué a tiempo. Siguiendo la teoría de Iñaki, que bueno que los ajustes se pudieron hacer ahí mismo y no a la mitad de camino.

Ana llegó con Blanca y Nuria en un Mercedes hatch-back donde apenas cabrían mis panniers. Les dije que yo las seguía en mi bici y llegamos muy bien. La bici estaba ahora sí en su punto y lista para el camino.

Venimos a dejar a salsa a su departamento y fuimos a un bar a cenar y tomar algo. Fuera de que Nuria me cálculo 40, la pasamos increíblemente bien pero hoy la fiesta no terminó tan tarde afortunadamente.

Mañana pienso ir a Gamesa a conocer el edificio nuevo y saludar a la gente. Después me iré al centro a conseguir mi pasaporte de peregrino, un lugar que tenga wifi para mandar estos posts y empezar mi camino.

Al menos esta parte del viaje quedó más clara. Queda por definir si terminando el camino me voy en avión de Santiago a Londres (lo más probable) o si tomo el Ferry desde Santander.

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