Y cuando menos piensas… sale el sol! Autora intelectual: La Shakis

Desalojamos el albergue a última hora como en los otros días. Yo estaba muy preocupado por salsa porque había dormido con lodo por todos lados y para la mañana ya era barro. La cadena estaba naranja de oxidada y todo le rechinaba. Jennifer y yo fuimos a desayunar con la idea de después ir a lavar las bicis. Encontramos una panadería al lado del río.

En 1090 el rey Sancho Ramírez decidió fundar esta ciudad, Estella, para fomentar los comercios que se derivaran de todos los peregrinos que venían de toda Europa a hacer el camino. Las fachadas de las casas las respetaron y algunas de ellas están a punto de caerse. Pero sigue teniendo, como otros pueblos un aire de hospitalidad y apoyo al peregrino. El río que atraviesa la ciudad era verde transparente casi como el Limat, el que pasaba por donde vivía en Baden, Suiza. Llegamos a una panadería a pedir croissants rellenos de chocolate -recién hechos-, tortilla española con patata -de ahí viene la dotación de carbohidratos, proteína y la suma de éstas dos en colesterol-, colacaos y zumos de naranja recién hechos. El croissant es el mejor que he probado, el chocolate era cremoso pero no empalagaba ni era muy grasoso.

Encontramos una gasolinera que tenía mangueras a presión para lavado de coches y salsa retomo su peso y color después de quitarle el lodo y barro que tenía. Las aceitamos y quedaron como nuevas, casi. Seguimos por el camino y a comparación de los otros días, el clima estuvo excelente, las subidas bastante moderadas y los paisajes increíbles. Pasamos por puentes romanos, fuentes medievales e iglesias desproporcionadamente grandes para el tamaño de los pueblos.

Jennifer, una venezolana bien chévere corredora de larga distancia decidió hacer también el camino sola en bicicleta. Tiene un sentido de orientación impresionante y constantemente puede identificar las distancias y elevaciones en el camino. Ha sido bastante divertido compartir el recorrido juntos, en una de esas decidió pasar sus manos por un árbol y sus guantes se quedaron atorados en las ramas junto con sus manos haciendo que quedara colgada como chango, la bici se siguió pero sus pies seguían en los pedales. Desafortunadamente fui a ayudarla en lugar de tomarle video.

Llegamos a Los Arcos, nuestra mitad de camino en el plan original, nos sentamos a comer en la plaza y nos encontramos a nuestros amigos Juan y Aldana. En segundos empezó a llover muy fuerte y con mucho viento. La mesera dijo que viniendo el viento de esa dirección la tormenta seguro duraría hasta la noche y el camino se haría todo lodo, es decir una pesadilla que bien nos podíamos evitar. Después de mucho pensarlo decidimos quedarnos esa noche ahí y seguir al día siguiente.

El albergue estaba bastante bien pero no tanto como Roncesvalles o Zizur. Pude platicar con la pareja de belgas que se hacía cargo del hostal en esta quincena, ellos forman parte de 4,000 voluntarios que vienen de todo el mundo por unas semanas sin recibir ninguna gratificación. Tienen que recibir a los peregrinos y después limpiar todo cuando se van.

A pesar de tener la bolsa de la ropa sucia llena de lodo con algo de ropa, decidí no lavar, había mucha gente y la “secadora” era de esas prensas que hay que darles vuelta que sólo se ven en las caricaturas. Me quedaba mi tercer y última muda de ropa para bici y decidí dejar la lavada para el día siguiente.

Jennifer llegó bastante adolorada de las piernas, había comprado árnica y descubrimos que había una mesa de masajes en el albergue. Desafortunadamente justo hoy faltó el masajista y saqué mis habilidades masajistas bien aprendidas en India. -Esto fue mientras el tsunami golpeaba la costa este, yo recibía mis clases en el otro lado del país sin tener en cuenta de lo que pasaba hasta que familia y amigos preguntaban si todo estaba bien.- Como describí antes, a mí me había ido muy rudo en los días anteriores pero ella tenía las piernas firmes y completamente moreteadas. Tengo amigas que practican hockey y les pasa lo mismo por lo que le pregunté que además de bici y correr, qué otro deporte hacía. “Nada, todo esto ha sido el comienzo del camino” contestó. Otras personas como que querían pedir informes de las sesiones de masaje, por un momento pensé ofrecer el servicio pero preferí cenar.

Cocinamos una pasta bastante mediocre pero se disfrutó en compañía de otros peregrinos. Una de las ventajas de ir en bici es que se disfrutan diferentes manadas de personas y te puedes alejar de las que no te interesan tanto. En una de las fotos sale un amigo Pepe al lado de Juan, no tiene ningún efecto ni Photoshop, así son los tamaños.

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