No vamos a encontrar, otra playa q tenga turbinas moviéndose al viento… (adaptación de Flans)

La idea de seguir el epilogo del epilogo del camino hasta donde la tradición indica, o de subirse a la Santa María y descubrir un nuevo continente es buenísima, pero yo aquí le paro. La llegada al km cero en el faro y terminar salsa y yo el camino en la playa donde nuestros antepasados creían que ahí terminaba el mundo, fue más que suficiente. Además los hospitalarios del albergue resultaron mucho muy amables. Transmitían una sensación encontrada de que ‘estoy disfrutando la vida aquí en la playa, no me esfuerzo, pero si te faltara algo lo arreglo inmediatamente sin ningún esfuerzo’.

Por alguna razón este albergue tiene un cuarto dedicado a la meditación, es una idea hipiosa donde encuentras libros, tambores, guitarras, cristales, etc, etc. Entré con mi bocina Bluetooth, que recuerdo que alguna vez me salvará la vida en cada subida que pedaleo, y me puse a hacer la primera serie de yoga ashtanga que aprendí de Richard en su centro de yoga en Brisbane. Por primera vez hacia deporte, o alguna otra cosa que no fuera bicicleta.

Este fue el día perfecto de vacaciones. Como antes demostrado, el mejor desayuno es el de los albergues, salí de mi sesión de yoga y tenía el desayuno listo y alguien preparándome un omelet. Platiqué con una amiga coreana que salía a Santiago ese día y nos fuimos a la playa que da al oeste. Después tomé mis gogles crucé el estrecho para llegar a la playa que da al este e intenté nadar. Hacia buen clima pero el agua estaba helada. Con los pulmones casi colapsados salí y me puse a correr a lo largo de la playa. Leí mi libro, me dio hambre y me metí a un restaurante que resultó más formal de lo que creía. Por €20, el menú del peregrino, me dieron navajas, almejas, un muy buen pescado, flan y vino. Las navajas eran mi nuevo marisco favorito.

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Por alguna extraña razón le dije a los hospitalarios que les hacia de cenar esa noche, Matt inglés, Livia suiza y Nicole austriaca. Pensé en lo más fácil y sencillo que sé hacer, un rissotto. Vacié una de las alforjas chicas para usarla como mochila y me fui de compras. Pasé por varias tiendas y no encontré nada de lo que quería, cual concurso tenía muy pocos ingredientes y gente que me esperaba para la cena en poco tiempo. Llegué a la cocina y los utensilios eran como de juguete. Éste era mi primer momento de estrés después de mucho tiempo, el cuchillo no era como el mío, las ollas y sartenes horribles, la estufa no calentaba, etc. Al final, se quemó la parte de abajo del rissotto y empezó a darle un sabor ahumado a todo lo demás, cuando el olor a quemado era demasiado obvio en la cocina, decidí que la cena estaba lista. Por otra razón aún más extraña, todo salió comible y más que eso les gustó mucho. La conversación seguía después de la cena pero eran después de las 9pm y tenía pocos minutos para ir a la playa a ver el atardecer.

Metí a la alforja vino, chocolates, navaja y me fui a la playa del oeste, minutos después llego Livia con su perra. El día anterior había mucha gente, ahora no había nadie. Yo quería escuchar sobre la vida de una hospitalaria y ella quería hablar, combinación no muy común. Además de escucharla entendí muy bien su situación. La cultura suiza la conozco por haber vivido ahí casi tres años: existe una presión continúa de perfección, ser muy productivo y de separar el trabajo de la vida privada manteniendo una distancia importante entre ambas. La española se enfoca más en la improvisación, tomar las cosas con calma y de involucrar el trabajo con la familia haciendo una relación muy cercana. A pesar de ser un trabajo bastante exigente y, en su mayoría, no remunerado sino todo lo contrario, ella era bastante afortunada ya que la lista de candidatos para ocupar ese espacio era bastante larga.

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Regresamos al albergue, un sueco decidió comprar una caja de botellas de vino y como iba solo, las compartió con nosotros. A un nivel muy relajado la diferentes historias de por qué estábamos ahí cruzaban en todas direcciones entre culturas alemana, austriaca, británica, española, suiza y mexicana.

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