D-35 Ventimiglia (I)

“Esame obiettivo: presenza di emorroidi esterne dure dolenti” describía mi médico en su reporte después de una larga espera en el cuarto de emergencias y una breve inspección.

El día de ayer fue de los más difíciles por un dure dolenti que se hacía más intenso al pasar el día. Al llegar a Ventimiglia en lugar de acampar donde tenía planeado decidí seguir el señalamiento del hotel la riserva di castel d’appio dado que todo el día había estado bajo la lluvia y aún no paraba. Los letreros no indicaban a qué distancia estaba sino sólo ponía flechas. Subí, según strava, casi 300m de altura en un tramo muy corto. Ni el cruce de los Alpes, ni la Selva Negra, ni Cebreiro, ni nada, tenían este grado de inclinación. Parecía una broma un poco pesada, el camino era casi una pared. Nunca antes me había detenido a media subida para respirar y menos a casi nivel del mar. Esto lo hice en repetidas ocasiones. Además del peso, el cansancio, la lluvia, hambre, etc sentí una pequeña anomalía en mi trasero.

Llegue al hotel, esperé a que mi ritmo cardíaco bajara a un nivel que me permitiera hacer otra actividad como caminar y hablar. Entré al lobby y la pareja que atendía no podía entender porque había hecho eso. Entre admiración y preocupación salieron a ver a salsa y me ofrecieron pagar la mitad de la mejor tarifa que tenían impresa en su lista. Mientras le agradecía miraba el hotel que parecía bastante mejor de lo que esperaba.

Subí a mi cuarto y el dolor se volvía mucho más intenso, me inspeccioné mis partes y encontré una anormalidad que de entrada pensé pinchar con un alfiler. Consulté varios forums y todo apuntaba a que eso no era buena idea. Le pregunté al señor de la recepción, que para entonces me imaginaba que era el dueño del hotel, si sabía de algún médico. Me preguntó qué tenía, le expliqué, y me dijo que él tuvo algo similar, le llamó a su mamá para pedirle su opinión y ella recomendó que me llevara al hospital dos pueblos al sur de Ventimiglia. Hoy en la mañana fuimos al hospital, en lugar de dejarme ahí, busco estacionamiento, me acompañó a emergencias y le explicó a la enfermera mi situación. Se fue y me dijo que le llamara cuando estuviera listo. Le expliqué a las enfermeras más a detalle lo que había hecho, y ambas dijeron que yo me lo había buscado y que como mínimo tendría que tener hemorroides. Pensaba que de los 11 países que había visitado, este era si no el que ofrecía el mejor servicio, el más divertido para tener una emergencia de esas.

Al lado mío estaba Manuel de 12 años que jugaba de medio campista y se había lastimado el dedo.

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Pasó Manuel con su mamá después de más de una hora de espera y poco después me llamaron. Me inspeccionaron, me pusieron pomada y me mandaron a poner suero para bajar la inflamación.

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Me prohibieron fumar, tomar café y tomar bebidas alcohólicas. Hasta ahí todo iba perfecto. Pero la lista terminó con abstención de chocolate. Si los mayas estaban hechos de maíz según el Popol Vuh, yo estaba hecho de chocolate desde hacía casi 60 días. Mi dosis diaria oscilaba entre los 100 y 400gr. Lo peor, e inevitable vendría después, cuando en cámara lenta escuché a la médico decir que no podría andar en bicicleta por lo menos una semana.
Los siguientes 7 días serían la culminación de mi viaje. El único libro que ha pasado todos los filtros de sobrepeso era el ‘Cycling-Italy, Lonely Planet’, con el cual he planeado esta ruta final como ninguna otra en mi trayecto.
En mi mejor italiano repetí lo que entendí y confirmó que eso es lo que había dicho. Como en todos los países, la médico ya había sido clara en su mensaje y ahora era la enfermera, quien sabía un poco más de mi historia, la que haría las mismas palabras un tanto más digeribles. “Ya llegaste a Italia, ahora llévatela tranquila y vete en tren a Siena” palabras más o palabras menos decía la enfermera. Era un cambio de estilo de vida al cual le había invertido mucho esfuerzo y disciplina pero sobre todo lo disfrutaba y su inercia no la detenía ningún obstáculo mas que la fecha en el calendario y lugar en el mapa: 12 de junio, Siena.
Las tarifas estaban bien explicadas y tendría que pagar alrededor de 55€ por mi visita. La enfermera me preguntó si prefería pagar ahora o que me llegara el recibo a mi dirección en México y pagarla desde allá. Le dije que ahora mismo porque no sabía si llegaría a México o no. Me dijo que lo mandaría a México y que si no la veía me olvidara de él. No me detuve a discutirle.

Pensé en cierta forma cuando alguien tiene un accidente y ya no puede caminar por algún momento. Llamé al hotel, nos pusimos de acuerdo para que me recogiera Antonello -el dueño del hotel- en una parada de autobús. Salí del hospital y, caminando en la calle entre decepción y alegría por llegar al país en bici y descartar cáncer o infección, no pude evitar soltar una carcajada al ver mi propia situación.

Cuando alguien me preguntó si no había tenido un problema mecánico en Holanda, al siguiente día tuve el primero. Ayer por la mañana alguien me preguntó qué haría si algo me pasara de salud porque veía peligroso viajar solo, a lo cual contesté que no había estado en esa situación pero que seguramente iría a un hospital si me llegara a pasar algo.

Me puse a nadar por un buen rato y comí unos ravioles con alcachofas de la zona hechos en casa.

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El mesero Emilio, cual familiar cercano, me ha atendido todo este tiempo. Lleva más de 50 años trabajando en el hotel y su papá ha sido la persona más longeva de Italia con 111 años.

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2 thoughts on “D-35 Ventimiglia (I)

  1. Hola, te sigo cada día , soy la oftalmóloga que conociste cenando la ultima noche que pasaste en Santiago de Compostela. Tu viaje ha sido estupendo a pesar de los pequeños incidentes que te han ido apareciendo con salsa pero creo que ahora le toca descansar a tu cuerpo.Ten en cuenta que esa delicada zona, va en contacto directo con el sillin de salsa durante muchas horas y creo, como te han dicho en el hospital,que tal vez seria mejor que fueras a Siena en tren. Tienes que dejar reposar esa zona si me admites un consejo de medico.

    Por otro lado, te felicito por el magnifico reportaje que cada día nos haces, muy a pesar de tu cansancio.
    Te mando un fuerte abrazo, Luz

    • Hola Luz,
      Que gran sorpresa! Muchas gracias por tu comentario y tu consejo. La verdad es que como bien dices, no vale la pena arriesgar la salud y me doy por bien servido con todo lo que he recibido en estos meses.
      Me da muchísima alegría que te hayan gustado mis relatos, esta retroalimentación es la que me hace seguir escribiendo.

      Abrazo
      Pablo

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